Un acto de amor

 

Por: Ramonita de Lourdes Díaz Jiménez

 

A través de esta historia deseo dejar plasmado por escrito un sueño que experimenté hace un tiempo. Quiero compartirlo contigo, querido/a lector/a.

 

¡ Y así fue mi sueño ! .... ¡ Allí estaba ! Aquel caballero se hallaba tendido en el suelo, en posición fetal... Sus ojos, ...estaban cerrados...

 

Su vestimenta,... impecable: Camisa de color claro de manga larga bien planchada, corbata oscura pantalón negro. Sus zapatos y medias, limpios.

 

Su cabello, ... bien peinado......Sin embargo, era un misterio que estuviera allí solo, como desvalido, fuera de la realidad. No había signos de violencia ni en aquel ser humano ni a su alrededor.

 

De repente, una fueza inexplicable me hizo mirar hacia arriba.....

¡ Oh, Dios ! ¡ frente a mi se erguía  la imagen del Rey de Reyes y Señor de Señores ! El tamaño de la imagen de Cristo crucificado era semejante al de un ser humano.

 

Mostraba aquella representación artística de forma sorprendente, los detalles de las heridas que nuestro Señor sufrió por nosotros.

 

Súbitamente, las heridas que representaba la imagen....  ¡ comenzaron a sangrar !.

 

Observé cómo aquella corona de espinas lastimaba horriblemente la santa cabeza de mi Señor.

 

Ví como aquel rostro destrozado  por la crueldad  humana mostraba en toda su crudeza el dolor de un sacrificio injusto, aceptado por Él para darnos la Libertad.

 

Aquel Cristo crucificado se fue transformando de una figura de yeso a un Cristo humano, de carne y hueso, llagado, sangrante, adolorido, paleado, pero sobre todo, ¡imponente ....majestuoso ! Demostraba en aquella cruz toda la realeza que sólo puede demostrar el LEÓN DE JUDÁ.

 

Sus  hermosos cabellos ... Su hermosa faz... cubiertos  de heridas, sangre y golpes. Mi Señor Jesús, taladrado por los clavos en Sus muñecas y Sus pies, posa Su sagrada mirada en aquel  hombre que yace justo debajo de Él. Mi Señor observa con una gran ternura; con el gran amor que sólo Dios puede sentir por sus hijos.

 

Yo, estupefacta ante la escena, fui testigo de cómo mi Señor Jesús arrancó sus muñecas del madero en el cual estaba clavado. Su santa sangre fluía a borbotones de aquellas santas muñecas. El dolor........

¡ indescriptible !

 

Mi Señor también arrancó Sus sagrados pies del madero.....la santa sangre seguía fluyendo en grandes cantidades del cuerpo traspasado del Señor de Señores: ¡ de Su frente, de Sus muñecas, de Su costado, de Sus pies..... de aquellas heridas profundas causadas por las múltiples flagelaciones !

 

¡Cuánto dolor! ... y sin embargo... ¡cuánto AMOR Y PAZ en el rostro misericordioso de DIOS HECHO HOMBRE !

 

Era increible todo lo que experimentaban mis sentidos ! El desdoblamiento de la dimensión espiritual, tan o más real que la pueden  percibir  nuestros sentidos  en esta vida material !

 

 Mi Señor Jesús bajó de Su cruz,  tomó  al caballero en sus brazos  y lo  acunó como a un recien nacido. Impregnó con Su sangre  preciosa al que allí yacía.

 

¡ Mi Señor Jesús mostraba en todo Su esplendor Su  amor y Su  misericordia  !  Mi corazón se desbordó de amor y paz al observar lo que estaba sucediendo........... 

 

¡ Me sorprendí llorando !

 

Mil preguntas fluyeron por mi mente ante tan sagrada y conmovedora escena.  ¿ Por qué el Señor Jesús muestra compasión por ese hombre ? (En apariencia, no carecía de nada. ) ¿ Qué pasaba con él  ?

¿ Qué sucede con la Humanidad hoy en día ?  ¿ Puedes contestar  esta pregunta ? ¿ De qué carece nuestra sociedad ?

 

¿ Qué mensaje nos ofrece DIOS hecho hombre con este cuadro de compasión y  misericordia  ?

 

¡ VOLVEOS A DIOS MIENTRAS PUEDA SER HALLADO !

 

En estos, los últimos tiempos  y ante la crisis y la destrucción que nos rodea,  el mensaje del SEÑOR es esencial. Él es la piedra angular de nuestra vida.

 

           Escucha con tu corazón lo que dice el Señor:

 

 "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida !... Vengan a Mi los que se sienten  fatigados y sobrecargados y Yo los aliviaré, y  sus almas encontrarán descanso."

Mateo  11: 28s

 

¡Gloria  a  Tí, Señor !

¡ Bendito y alabado  sea TU nombre !

 

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