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Fecha: 20000709

Título: Un cristiano es una persona realista: sabe que vivir segun el Evangelio es muy dificil

Original en audio: 13 min. 23 seg.


Hermanos:

Las lecturas de hoy nos han presentado gente rebelde y gente en dificultades. Gente rebelde, como el pueblo de Israel, que no quiere recibir la voz de los profetas; gente rebelde, como los paisanos de Jesús allá en Nazareth, que no pueden creer en Él; llegan hasta el punto de sentir extrañeza, no atinan a explicarse qué es lo que sucede con Él, pero no le dan fe. Gente rebelde.

Pero también, gente en dificultades, como el Apóstol Pablo, en ese texto de la Segunda Carta a los Corintios. "Hay una espina que está clavada en mi carne" 2 Corintios 12,7, dice Pablo, aludiendo a algo que no sabemos exactamente qué es.

Y a través de esa espina, de ese problema, de esa tentación, quién sabe qué sería, "Satanás me abofetea, -dice él-, y así no puedo enorgullecerme" 2 Corintios 12,7. Quién sabe qué sería lo que experimentaba el Apóstol San Pablo.

Se ha hablado de todo tipo de cosas: si serían de pronto lo que nosotros llamamos tentaciones de la carne, o si sería su dificultad, su soledad existencial al verse separado de sus hermanos de raza. Porque realmente, los judíos de toda la cuenca del Mediterráneo dejaron solo a San Pablo.

Gente rebelde y gente en dificultades.

Yo creo que un sacerdote debe predicar siempre para la realidad de la Iglesia. Yo quisiera terminar esta reflexión o aplicarla, mejor, a nuestra situación en Colombia. Sé que es una palabra demasiado particular porque la Iglesia está por todo el mundo, pero es que se prestan mucho estas lecturas de hoy para referirlas a nuestro país.

Cuando escuchaba al profeta Ezequiel, me acordaba de nuestro país: "Así como fueron rebeldes los padres, así son rebeldes los hijos" Ezequiel 2,4. Hay como una especie de resistencia, de rebeldía endémica en la casa de Israel, y yo siento que así es Colombia.

Cuánto duran aquí los temas de la paz, la reconciliación, que hay más violencia, ahora qué más va a seguir, qué más van a hacer. Es muy bueno que los que somos un poco más jóvenes, sepamos que estos problemas vienen desde antiguo, ya vamos a ver para qué, no se trata de resignación, se trata de algo diferente.

Mire usted que uno como sacerdote tiene ocasión de escuchar la vida o fragmentos de la vida de muchas personas. Y yo me acuerdo de san Agustín que decía que era estéril lamentarse por los tiempos pasados, y decía él: "Creemos que los tiempos pasados fueron mejores, porque de ellos recogemos lo que a nosotros nos agrada o porque no son simplemente los nuestros".

Si recorremos la historia, por ejemplo, de la violencia en Colombia, lo que han cambiado son los nombres. ¿Quiénes de nosotros, los más jóvenes, recordamos, por ejemplo, a los Montoneros? De los más recientes, -yo estoy aquí poniéndome siempre del lado de los jóvenes-, de los más recientes, creo que ese nombre no lo habíamos oído mucho.

Pero la violencia política y la delincuencia común vienen desde hace mucho tiempo, y las crueldades espantosas, y la sevicia, y el gozarse derramando sangre, y esa especie de sadismo que acompaña a tantas manifestaciones violentas de ahora, no son de ahora.

Ahora las conocemos más rápidamente, pero el salvajismo, la crueldad, la sevicia han plantado sus raíces muy profundamente y desde hace mucho tiempo entre nosotros.

Lo mismo sucede también con la familia, y sucede también con los afectos y con todo aquello. Muchas veces, al oír personas mayores, uno seda cuenta de que siempre, siempre ha sido difícil vivir los mandamientos de Dios como se debe.

¡Siempre ha sido difícil ser casto, siempre ha sido difícil ser honrado, siempre! ¡porque el ser humano lleva dentro de sí esa rebeldía! ¡Eso no es fácil! Muchas veces lo que ha habido es hipocresía, eso sí.

Pero yo, que escucho niños, jóvenes, adultos y ancianos, puedo decir, que pecados como los que usted se imagine, o como los que salgan en televisión, o en Internet, han existido y han estado ahí.

Y muchos padres y abuelos nunca supieron las cosas que hicieron sus hijos o sus nietos; pero siempre ha sido difícil; siempre es difícil vivir en el amor de Dios; siempre es difícil cultivar un hogar que valga la pena, siempre lo ha sido.

Siempre es difícil trabajar por la justicia social; siempre es difícil salir del estrecho círculo de los intereses familiares.

¡Yo cuántos profetas he conocido! ¡En este convento ha habido muchos profetas! Hubo un tiempo en el que estaba de moda la cuestión social, y los temas de la justicia, y existían los frailes profetas: "¡Luchar, -como Centella-, por la paz y la justicia!, como Superman; ¡vamos a luchar, vamos a cambiar!"

Muchos de ellos, -yo que vivo con ellos-, los he visto yo en las grandes incoherencias, ¡porque es difícil, porque siempre es difícil! Y yo mismo, tanto que predico y tanto que hablo, y al rato me ve usted buscando, a ver si alguien me puede confesar, porque soy un pecador y porque es difícil.

De manera que el mensaje, tanto para nuestro país como para nuestra naturaleza humana, va por ese lado, mis hermanos. No nos hagamos ilusiones, la vida cristiana es difícil.

Es difícil ser un profeta cuando uno se siente bien acomodado; es difícil interesarse por los pobres cuando se tiene un hogar confortable, una chimenea encendida y un buen CD sonando junto a nuestros oídos; es difícil acordarse ahí del que no tiene con qué comer.

Es difícil ocuparse de las causas que piden nuestra misericordia; es difícil que el corazón no se endurezca; el corazón se endurece cuando se le consiente.

Y todos los niños consentidos, entre los cuales probablemente estaré yo, todos los niños mimados de la vida, son los niños y niñas hijos de papi y de mami a los que nos cuesta trabajo conmovernos.

Y por eso nos resulta fácil encontrar diagnósticos rápidos y soluciones drásticas; diagnósticos rápidos: "Todos los pobres son perezosos", soluciones rápidas: "Ocho bombas en los campamentos guerrilleros y se acabó este problema".

¡Qué bueno eso para la comodidad de uno! ¡Qué bueno eso para que nadie se meta con uno! Pero no nos interesa el pobre, no nos interesa la injusticia, lo que nos interesa es llevar una vida en donde nadie nos ponga problema.

Es muy importante, mis hermanos, muy importante que sepamos esto: que el Evangelio siempre fue difícil; dejemos de añorar épocas doradas en donde, ¿qué? ¿Dónde están esas épocas tan sólidas que dieron a luz estos tiempos tan duros? ¿Dónde está esa moral tan alta que dio a luz esta manada de degenerados que se supone que somos?

Dejemos de añorar épocas doradas; pero atención, dejemos de soñar también con unas épocas maravillosas o esplendorosas, donde habrá una gente que no tendrá tentaciones, o yo no sé qué se imagina.

Mire que con respecto al tercer secreto de Fátima, la gran decepción de la gente, la profunda decepción de la gente, ¿sabe cuál es? Que todo el mundo estaba esperando un mensaje apocalíptico, que se supone que ahí iba a hacer una especie de borrón y cuenta nueva: "Ahora sí va a empezar todo distinto".

Una vez, una joven señora, que llevaba a su pequeño bebé, -como de la edad de mi sobrina-, llevaba a su pequeño bebecito a la iglesia, y me mira con ojos de nostalgia, y dice: "Padre, ¿será que ya está cerca ese triunfo anunciado del Inmaculado corazón de María? A ver, pues, si se acaba toda esta degeneración en los medios de comunicación y esta violencia en la sociedad".

Y yo le dije: "No se va a acabar nada de eso; después de eso vendrá algo peor o parecido", ¿por qué? Porque el ser humano sigue siendo rebelde, mis hermanos. Porque tener más medios y tener más poder es darle más instrumentos al egoísmo humano.

Y por eso las cosas siempre estarán ahí, para que tú hagas con ellas obras hermosas, o para que hagas con ellas obras espantosas. Puedes utilizar la televisión para evangelizar, o para dañar, fermentar y pudrir los corazones de los jóvenes; lo mismo dígase de toda la tecnología.

De manera que el cristiano ¿quién es, de acuerdo con todo esto? Un cristiano en Colombia hoy, ¿quién tiene que ser? ¿Cómo tenemos que ser? Tenemos que ser hombres que no añoran un pasado y que no están esperando frenéticamente un futuro.

Somos hombres realistas, que tenemos conciencia de que el Evangelio sólo entra a contrapelo en el corazón humano; somos gente que sabe que cada uno tiene esa espina, como la que tuvo San Pablo, y que siempre hay algo que nos humilla, y que sólo en la búsqueda de la gracia de Dios, y sólo en la recepción del regalo de su amor, y sólo en la dispensación, en el compartir de ese regalo, Dios puede traer tiempos mejores para nuestros hogares.

Una consecuencia pequeña de esto pero muy práctica es: por favor, eduquen a sus hijos para el mundo como es, no como debiera ser, ni como dicen que va a ser; eduquen a sus hijos para el mundo como es: con su capacidad de traición y con su hermosura; con su belleza y su perversidad; con su heroísmo y con su degeneración.

Eduquen sus hijos, eduquen a sus pequeños para el mundo real, para este mundo como es, y enséñeles a tener la mirada abierta a toda la sociedad y a toda la realidad, a no hacerse ilusiones, pero sí cultivar la sana, la profunda, la hermosa esperanza que surge cuando el amor de Dios nos visita con su gracia.

Señales tenemos para esperar en Dios, y las principales son precisamente, las vistas de su amor en los sacramentos, como sucede en la Santa Misa.

Sigamos esta celebración, y al salir de esta iglesia sepamos que el mundo no ha ido a Misa, ustedes vinieron a Misa, el mundo no ha ido a Misa, ni le interesa ir a Misa al mundo; mucha gente no irá ni le interesa.

Usted sale y le mundo siguió igual; usted tal vez cambió algo, el mundo no ha cambiado; usted vuelve a un mundo duro, y en ese mundo duro usted tiene una palabra nueva que se llama la palabra del Evangelio de Jesucristo.

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