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Fecha: 20020701

Título: Dios tambien nos esta amando cuando nos corrige y nos castiga

Original en audio: 12 min. 46 seg.


Indudablemente, nos golpea la dureza de la denuncia de Amós. Amós es conocido en la Sagrada Escritura como un adalid, un heraldo, un enamorado de la justicia. Y el valor de Amós para denunciar los pecados, nos muestra un rostro severo, adusto de Dios.

Nosotros, que estamos acostumbrados al lenguaje de la misericordia, nos sentimos casi golpeados cuando tenemos que leer en la Biblia esto: "A Israel no le perdonaré" Amós 2,6, o cuando dice que nadie va a huir, que nadie se puede escapar: "Yo os aplastaré en el suelo como un carro lleno de gavillas" Amós 2,13.

Expresiones tan duras como estas, han llevado a algunas personas a creer que en el Antiguo Testamento está el Dios justiciero, y en el Nuevo testamento está el Dios tierno, compasivo, misericordioso. Sin embargo, esta idea tan simplificada no es correcta.

Las expresiones de ternura y de amor, de parte de Dios, abundan en el Antiguo Testamento; y las expresiones duras, radicales, casi intransigentes, están también en el Nuevo Testamento. Algo de eso como que alcanzamos a percibir en la manera desconfiada, distante, como Cristo recibe las ofertas vocacionales que le hacen.

"Te seguiré a donde quiera que vayas" San Lucas 9,57, "venga un abrazo, mijo; ¡qué bueno, bienvenido a la misericordia!"; así no dice Jesús. Su respuesta es casi cortante, casi obliga al que estaba entusiasmado, a detenerse y a pensar mejor las cosas. "¿Estás ilusionado? ¡Desilusiónate!"

De modo que no podemos simplificar la Biblia, como ya lo hizo un hereje de la antigüedad llamado Marción, diciendo que en el Antiguo Testamento, toda la dureza, toda la justicia, el Dios vengador; y en el Nuevo Testamento, el Dios tierno, el Dios especial, el Dios amoroso, el Dios.... No simplifiquemos tanto.

Además, es grave esa simplificación porque desfigura el rostro del amor, como si amor fuera solamente ternura, como si amor fuera solamente dulzura, o, por decirlo más crudamente, como si Dios cuando castiga, Dios cuando regaña, Dios cuando corrige no estuviera amando. Es un error tomar una versión simplificada del amor para hacer con ella una cuadrícula, aplicársela a Dios y decir: "Si quieres que yo sienta amor, tienes que tratarme de esta y de esta manera".

El amor de Dios se manifiesta como quiere, y tiene más de un rostro, tiene más de un aspecto; no deja de amarnos cuando nos dice: "Yo os saqué de Egipto, os conduje por el desierto para daros en posesión la tierra de los Amorreos. Ahora os aplastaré en el suelo" Amós 2,10-13; no está dejando de amarnos ahí. Tomemos esa como una primera enseñanza par hoy.

Yo no puedo tomar una definición de amor y aplicársela a Dios, sino que tengo que tomar de Dios la definición de amor. No es lo que piense mi cabeza lo que yo le puedo aplicar a Dios, sino es lo que Dios me ha mostrado, aquello que tiene que aprender a pensar mi cabeza. El dueño del amor, la fuente del amor, el principio del amor es Dios; en Él y solamente en Él podemos encontrar el rostro del amor.

Bueno, ¿y porqué podemos llamar amor estas expresiones tan duras del profeta, en este caso del profeta Amós? Por varias cosas. Primera, porque es una fuente de luz, porque nos ilumina, nos hace ver la distancia que hay entre su plan y nuestra vida. ¿Por qué Dios dice: "Los voy a aplastar", para no aplastarnos? Porque para aplastarnos no tenía que decirnos "los voy a aplastar".

Dios dice: "Los voy a aplastar", para no aplastarnos. Dios muestra las consecuencias del pecado para separarnos del pecado.

Cuando Dios dice: "Nadie va a escapar", ¿qué está mostrando con eso? Está destruyendo la falsa confianza en nosotros y está empezando a construir la verdadera confianza. Así llegamos a los tres bienes que trae este modo de obrar de Dios.

Dios cuando obra con este vigor, con este celo, en primer lugar nos muestra en dónde está el peligro. El pecado no daña a Dios, el pecado nos daña a nosotros.

Cuando Dios señala el pecado, no está defendiéndose Él, nos está defendiendo a nosotros. Es un acto de amor mostrar el pecado, y lo muestra con tanta claridad, que dice qué tipos de pecados: los dineros injustos, la fornicación, la idolatría. ¡Es un acto de amor! La denuncia del pecado es un acto de amor porque eso no lo hace Dios para protegerse Él, sino para defendernos a nosotros.

En segundo lugar, la denuncia del pecado es una manera de separarnos del camino del pecado. El anuncio del castigo es una manera de evitarnos el castigo; siempre, siempre.

Dios no tenía que decirnos: "Les voy a hacer esto", para luego hacerlo; si lo fuera a hacer, sin ninguna posibilidad para nosotros, no nos lo diría. La palabra que nos da, advirtiéndonos del castigo, es una palabra para no castigarnos.

Esto se ve muy bien en el libro del Génesis cuando el primer pecado. Ustedes ven que Adán peca, Eva peca, la serpiente peca; Dios le habla a Adán, Dios le habla a Eva, Dios no le habla a la serpiente. No hay una palabra, no hay un diálogo entre la serpiente y Dios. Y por eso, la palabra que Dios le da a Adán y la palabra que Dios le da a Eva, es señal del amor de Dios por Adán y por Eva.

Tendríamos que entrar aquí un poco en alguna aclaración de la teología de los Ángeles sobre por qué no hay un diálogo entre Dios y la serpiente. La respuesta nuestra resumida es: esa confrontación sin palabras, es de un modo anterior a nuestro tiempo y a nuestra historia. Entonces, el castigo anunciado es una manera de evitar el castigo.

Y la tercera razón es quitar de nosotros una falsa confianza. Este lenguaje duro quiere ayudarnos a quitar una falsa confianza. "Es que yo soy muy inteligente", "yo soy muy rápido", "algo se me ocurrirá".

Muchas veces lo mejor que puede hacerle Dios a uno, es lograr que las cosas le salgan a uno mal, cerrarle las puertas, encerrarlo; es lo mejor que Dios le puede hacer a uno. Porque mientras a uno el mal le sale bien, uno sigue siendo malo.

Pregúntele a un mentiroso, la mentira le funcionó una vez, ¿qué hace? Volver a mentir; la mentira le funcionó cien veces, ¿qué hace? Volver a mentir. Pero el día en que no encuentra una sola palabra, el día en que no puede inventarse una mentira más, el día en que está encerrado por todas partes, ¿a qué conclusión llega? "La mentira no me sirve".

Bendito sea Dios cuando no nos deja escapatoria, Bendito sea Dios cuando nos dice: "Usted no crea que va a alcanzar a salirse", "usted no crea que va a alcanzar a correr", "usted no crea que a usted no le va a pasar". ¡Bendito sea Dios cuando cierra todas las puertas!

Ahí queda uno encerrado y en ese encierro descubre que los ídolos que ha tenido no le sirven de nada, y en ese encierro descubre que Dios es el único que permanece. Además, no es tan malo quedarse encerrado, cuando se trata de quedarse encerrado en el amor de Dios y en el plan de Dios.

A esto llaman, los que trabajan en programas de recuperación, por ejemplo para adictos, a esto es lo que llaman "tocar fondo".

Cuando a una persona ya no se le ocurre nada más que hacer, cuando ya la cabeza no le da más, cuando ninguna disculpa le sirve, cuando ya nadie le cree, cuando ya se le acabó el dinero, cuando ya no puede nada más, cuando todas las puertas parecen cerradas, sólo hay dos posibilidades: el suicidio, algunos lo toman, lamentablemente; y la otra posibilidad es: "Toqué fondo, de aquí tengo que salir de alguna manera".

Tres bienes trae el amor del Dios castigador. Claro, Dios no es sólo castigador, Dios no es sólo vengador; pero Dios es castigador. Tres bienes nos trae el Dios castigador: nos señala el pecado, que no le hace daño a Él sino a nosotros, nos invita a evitar el castigo, por eso nos lo pronuncia, y nos quita una falsa confianza, llamándonos a dejar los ídolos y a apoyarnos solamente en Él.

Un Dios severo, tal vez; un Dios serio, un Dios que nos muestra la seriedad con que nos ama, un Dios que nos invita a responder con esa misma seriedad a su infinito amor.

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