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Fecha: 19980519

Título: Nos convenia que Cristo se fuera para que viniera el Paraclito

Original en audio: 9 min. 37 seg.


En estos días finales de tiempo pascual, estamos meditando, estamos suplicando la llegada del Espíritu Santo. Y es muy interesante que la Iglesia, para enseñarnos a rogar que venga el Espíritu, nos enseñe a meditar que Cristo se fue.

Como enseñándonos a pedir al Espíritu Santo, después de haber visto a Cristo partir. Y por eso en este tiempo pascual, tomamos estos textos de la Cena de despedida de Jesús, según el evangelio de Juan.

“Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?” San Juan 16,5, dice Jesús. En realidad, esa pregunta ya había aparecido en el evangelio de Juan.

Le habían preguntado a Jesús de dónde era, y también preguntan: "¿Adónde pensará ir este?" San Juan 13,36. Porque Jesús dijo: “Adonde yo voy, vosotros no podéis ir” San Juan 13,33.

Entonces ahí se preguntaban ellos: "¿Será que va a suicidarse?. Dice Jesús: “Ninguno de vosotros me pregunta: ¿adónde vas?, sino que por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón” San Juan 16,5. Ahora, Él sí dice adonde va, Él va al que le envió.

¿Qué quiere enseñarnos Jesús? Es una pregunta que tenemos que hacernos con frecuencia. ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? “Me voy al que me envió, por haberos dicho esto, os habéis llenado de tristeza y no me preguntáis: ¿adónde voy?” San Juan 16,5.

Es un modo raro de hablar, pero tratemos, con ayuda del Espíritu Santo, de avanzar un poco en la compresión de esas palabras. Si nos reunimos aquí a comulgar con su Palabra, para comulgar de su Cuerpo, pues recibamos esa enseñanza. Tal vez está un poco escondida, tal vez es una perla muy valiosa.

Si Él dice adonde va, ¿por qué quiere que le pregunten adonde va, si ya les dijo? Esto es raro. Segundo, ¿por qué dice Él: “Ninguno me pregunta: ¿adónde voy? Sino que, por haberos dicho esto, se ha entristecido vuestro corazón" San Juan 16,5.

Pues da la impresión de que Jesús esperaría que le preguntaran adónde va y que así la tristeza no llegaría al corazón. Yo creo que eso es lo que quería Jesús. Si nosotros supiéramos a quién va Jesús, también entenderíamos que nosotros vamos con Él.

En otro lugar ha dicho: “Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y voy al Padre” San Juan 16,28. Pero el que vino solo, no se va solo. El que se queda mirando de dónde se fue Jesús, se entristece; el que medita adónde va Jesús, se alegra.

O sea que esta partida de Cristo de este mundo puede ser causa de tristeza o de alegría. De tristeza, si me pongo sólo a pensar de dónde se va, y esto es quedarse mirando la Cruz, con su dolor y con todo lo que Cristo pierde. Pero, adónde se va, es mirar la gloria y mirar a Jesús con todo lo que Jesús, y nosotros con Jesús, ganamos.

Quedarse mirando de dónde se fue Jesús, es quedarse lamentado que este mundo no sea el lugar de nuestra dicha. Asomarse adónde va Jesús, es asomarse a la dicha mayor que este mundo, que Él nos prepara a nosotros.

“Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adonde vas?” San Juan 16,5. Ya comprendemos mejor por qué Él no quería que estuviéramos tristes.

No quería que estuviéramos tristes, porque si miramos adonde va, entendemos que es el culmen de su misión, entendemos que nos vamos con Él, y entendemos que la alegría de este mundo es pálida frente a la alegría que tendremos con la gloria que Él ha merecido para nosotros.

Esa parte ya la entendemos, pero nos falta entender la primera. “Me voy al que me envió, ¿y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?” San Juan 16,5. ¿Por qué Jesús quiere que nosotros le preguntemos adónde va, si ya lo está diciendo?

Porque, supongamos en el terreno del movimiento físico, si uno dice por ejemplo: “Me voy a Chiquinquirá”, pues pienso yo, es una ciudad conocida de muchos de nosotros. Ahí sabemos adónde va. Pero si una persona dijera: “Me voy para Singapur”, pues no sabemos qué es Singapur, o tal vez sí sabemos que es una ciudad que está en Asia, pero ¿qué va a pasar allá? ¿Qué significa eso?

“Me voy al que me envió” San Juan 16,5, dice Jesús. ¿Y acaso sabemos "quién me envió? ¿Acaso conocemos qué significa eso? O sea que el reclamo que Cristo está haciendo, en el fondo es ese, que para nosotros el Padre, el que envió a Jesús, es eso, ¡nombres!

Serán simplemente nombres, el Padre, el Paráclito, serán solamente nombres, a menos que le preguntemos a Jesús: "¿Quién es el que te envió?" Es decir, a menos que nosotros recorramos con Cristo el camino. ¿Quién es el que te envió?

“Me voy al que me envió” San Juan 16,5, y los otros se quedan callados y tristes. Callados y tristes porque se va de aquí, sin pensar adónde va y qué pasa con que Él se vaya a allá. Por eso Jesús, con suavidad, pero con claridad, reclama: "Ustedes no me preguntan adónde voy" San Juan 16,5; para ustedes el Padre es solamente un nombre, solamente una palabra.

Ustedes no conocen al Padre. Y como le había dicho a Felipe: “El que me ve a Mi, ve al Padre” San Juan 14,9; ustedes tampoco me conocen a mí, o sea, en realidad no han entendido. Lo que esta diciendo Jesús es eso: "¡En verdad, ustedes no han entendido mi misión!"

Pero no se queda en eso; dice: “Os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito” San Juan 16,7. Y luego dice que ese Paráclito, en este mismo capitulo, que ese Paráclito nos conducirá a la verdad completa.

"Ustedes no me han conocido a mí, ustedes no conocen a mi Padre. Pero vendrá el Paráclito, yo les voy a enviar la Espíritu para que ahí sí sepan quién soy yo, para que ahí sí conozcan al Padre.

¡Y es claro que les conviene a ustedes! ¡Porque hace tanto tiempo que estoy con ustedes y no me conocen, y no conocen al Padre, y no les interesa a quién voy! Para ustedes son nombres, a ustedes no les interesa sino este mundo, pobre, pequeño, frágil, del cual yo me voy".

Sí, claro que nos convenía que se fuera Cristo. Porque al derrumbarse la Carne de Cristo en la Cruz, al hundirse una vida inocente, inmaculada y bella como la de Jesús, la mentira del mundo se acaba, y entendemos que nuestra vocación definitiva no se puede realizar en este mundo, y en esta tierra, y en estas condiciones.

Claro que nos conviene. Nos conviene a nosotros. Es dolor para Él, pero a nosotros nos conviene que Cristo se vaya, para que envíe al Paráclito, para que el mundo sea juzgado, para que se proclame la gloria del Padre, para que nosotros tengamos la experiencia viva, la experiencia interior, real.

Eso que dice el Apóstol San Juan: “Lo que vimos, lo que tocamos, lo que palpamos” 1 Juan 1,1. Para que tengamos la experiencia real, para que sepamos de quién se habla: “Conoceréis al Padre” San Juan 14,7, al Padre de quien se habla.

Ahora sí lo vamos a saber, porque el Espíritu que Cristo nos envía, nos da el conocimiento de Él mismo y del Padre Celestial.

Amén.

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