Pasion de Cristo 09

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Fecha: 20070507

Título: Prendimiento de Jesus

Original en audio: 19 min. 15 seg.

San Juan 18,1-12


Hola, Queridos Amigos:

Nosotros meditamos en la Pasión de Cristo porque creemos que ahí está la fuente viva del amor, no solamente del amor cristiano, por supuesto, sino ahí esta la verdadera definición de amor; es decir, todo amor humano, cuando es purificado por la Cruz de Cristo, alcanza su verdadera estatura, alcanza su verdadero color, y sobre todo es capaz de hacer bien, de producir bien en el alma humana.

Nosotros meditamos con la Pasión de Cristo, porque estamos seguros que toda la maldad, toda la crueldad, todo el dolor que ahí aparecen no son capaces de ahogar el fuego maravilloso de caridad que llevo al Hijo de Dios a padecer por cada uno de nosotros.

Y es tan saludable reflexionar en las distintas escenas de la Pasión de Cristo, los distintos momentos, para descubrir ese despliegue como el que mira abrirse un abanico, como el que mira abrirse la páginas de un libro que nos está contando la historia del amor más grande; esa es la Pasión de Cristo.

En esta oportunidad tenemos que llegar a un momento dramático, el momento en el que Jesús es apresado por sus enemigos, un momento tremendamente triste, un momento emotivo, el momento en el que se completa la traición de Judas, un momento en el que también cada uno de nosotros tiene que reflexionar, porque cada vez que nosotros ofendemos al Señor, es como si estuviéramos entregándolo en manos de sus enemigos.

Dios habita, Dios quiere habitar en nuestros corazones, y cuando nosotros nos arrojamos en las garras del pecado es como si tomáramos esa presencia divina en nosotros y la arrojáramos a las tinieblas.

Pidamos al Señor mientras meditamos en este momento dramático del prendimiento de nuestro Señor Jesucristo, pidamos al mismo Cristo que nos dé un espíritu humilde, que nos dé un espíritu convencido de su gracia, y que nos dé un espíritu fervoroso, animoso para estar más con Él, para ser más fieles a Él.

Creo que para comprender lo que sucedió en el prendimiento de nuestro Señor Jesucristo, necesitamos recuperar, necesitamos encontrar unos datos; por lo pronto, hagámonos esta pregunta: ¿Por qué si Jesús estaba obrando y predicando en público, por qué fueron a buscarlo al Jardín de Getsemaní? ¿Y por qué necesitaban que alguien les indicara, –en este caso fue Judas-, les indicara quién era Jesús? ¿Por qué necesitaban esa ayuda?

¿No podían saberlo por ellos mismos? Y preguntémonos también: ¿Quiénes son estos enemigos, los que finalmente logran echar mano sobre Cristo?

Son muchas preguntas. Con la ayuda del Señor entremos un poco a responderlas. Tengamos en cuenta que la mayor parte del ministerio de Jesucristo sucedió en la parte norte, es decir en Galilea. De norte a sur encontramos tres grandes regiones: Galilea, Samaría y Judea.

En Galilea se encuentra la pequeña población de Nazareth, en Galilea se encuentra también el Lago de Genezareth, también llamado Lago de Cafarnaúm, porque el puerto de Cafarnaúm es como el pueblo más visible el pueblo más representativo, el más importante de esa región de Galilea.

Nazareth y Cafarnaúm, aparecen muchas veces en los Evangelios, porque la mayor parte de la misión de Cristo se realizo ahí en el norte, en Galilea; Él recorrió las aldeas, los poblados curando a los enfermos, enseñando en las sinagogas, expulsando también a los demonios.

Jesús, aparentemente, visitó unas dos o tres veces Jerusalén durante su ministerio publico, esta cifra la obtenemos del Evangelio según San Juan, que por tres ocasiones nos habla de Cristo, relacionando su presencia con la Pascua.

Y por eso precisamente, por ese dato de San Juan, se cree que el ministerio público de Cristo puedo haber durado por cerca de tres años. Como el evangelio según San Lucas,} nos dice que cuando Cristo empezó a predicar tenia cerca de treinta años, de aquí surge ese dato tan popular que hace suponer que Cristo murió a la edad de treinta y tres años; sin embargo sabemos que estas cifras bíblicas muchas veces son aproximadas, y lo que interesa no es tanto el numero exacto.

Volvamos a nuestro tema. La mayor parte del ministerio de Cristo se realizo en Galilea, Él la tuvo que atravesar muchas veces Samaría. Pero resulta que los samaritanos de Samaría, no se llevaban bien con los judíos habitantes de Judea, y como Samaría, se encontraba entre Galilea y Judea, entonces ya podemos imaginarnos que no era grato moverse entre estas dos regiones.

Los judíos consideraban no solamente que ellos eran el centro político, sino también el centro intelectual donde estaban los mejores escribas y maestros; y el centro religioso, por supuesto, porque allí se encontraba el Templo; y el centro cultural, podríamos decirlo, porque ellos hablaban el mejor arameo.

Los galileos, en cambio, incluyendo a Nuestro Señor Jesucristo, seguramente tenían una pronunciación más bien deficiente del arameo, que era la lengua de Palestina en el siglo primero.

Entonces, los judíos, los habitantes de Judea, estaban en conflicto fuerte con los samaritanos, -sobre las razones les voy a hablar en otro momento-, y tenían una relación no tanto de conflicto sino de desprecio, hacia los galileos porque consideraban que estaba detrás de esa especie de cisma, de esa especie de herejía o de ruptura religiosa.

Por eso utilizaban una expresión despectiva: "La Galilea de los gentiles", como diciendo: "Tierra de paganos", ¡y ahí estuvo Cristo, realizando la mayor parte de su ministerio entre toda esa gente despreciada!

Lo importante es que en determinado momento Cristo cambia de escenario, cambia de estrategia y emprende el camino hacia Jerusalén. Hay un pasaje de San Lucas, capitulo nueve hacia el final, donde se nos dice que "Jesús emprendió resueltamente camino hacia Jerusalén" San Lucas 9,51.

Cuando Cristo estuvo en Jerusalén, podríamos decir que su modo de obrar fue diferente, más que una abundancia de milagros y más que una visita a las sinagogas, más que muchos exorcismos, lo que hizo Jesús en Jerusalén fue predicar, sobre todo enseñar, y estuvo enseñando en el Templo.

Pero antes de que Cristo entrara en Jerusalén –es lo que recordamos en el Domingo de Ramos, su entrada gloriosa en medio de aclamaciones del pueblo sencillo, -antes de esa entrada, había entrado la noticia sobre Cristo, su fama lo precedía, pero en realidad muy poca gente lo había visto.

Jesús era prácticamente un desconocido, la gente podía mirarlo sólo en la distancia; era un profeta tenia un arraigo popular muy grande, así lo consideraba la gente, y por eso las autoridades judías de Jerusalén tenían una mezcla de desconfianza, temor y desprecio por Jesús.

Tenían desprecio hacia Jesús porque era galileo, por la clase de gente con la que se juntaba, y porque evidentemente no tenía la formación académica o institucional que era tradicional en la época, la formación de los escribas; Jesús no tenía nada de eso, y por eso les causaba desprecio; además, era un galileo que no sabia hablar con tanta fineza el arameo.

Sentían desconfianza de Cristo porque su mensaje era escandalosamente simple, Jesús estaba predicando una relación prácticamente inmediata con Dios Padre, lo llamaba a Dios su propio Padre, incluso utilizaba esa expresión aramea tan familiar, la expresión “abbá”, llamaba a Dios su abbá, es decir, su papá.

Ese lenguaje de tantísima confianza con Dios, y esa manera de establecer la relación con el Dios Altísimo, con el Dios de la Alianza, eso causaba una grandísima desconfianza en las autoridades judías, por varias razones.

En primer lugar, porque la manera de hablar de Cristo invalidaba todo ese aparato de diplomacia, a la vez de intrigas y de costumbres religiosas y rituales; todo ese aparato que ellos habían construido quedaba como invalidado, por la simplicidad maravillosa, por la alegría contagiosa que traía el Evangelio del Nazareno.

Entonces eso causaba desconfianza, porque Jesús de alguna manera estaba moviéndoles el piso, estaba invalidando lo que ellos estaban haciendo.

Además, estas autoridades judías, las familias sacerdotales, la familia de Anás, la familia de Caifás, que eran además parientes entre sí, - eran yerno y suegro-, estas familias tenían un tremendo poder político que habían conquistado, con mucha paciencia y con mucha astucia.

Y ese poder político dependía de una relación peculiar con los romanos, estas familias poderosas de los judíos en Jerusalén habían hecho creer a los romanos que ellos, precisamente ellos, eran el engranaje necesario para mantener pacificada a Palestina, y como los romanos sabían cuán violentos podían ser los judíos, a los romanos les convenía tener una buena relación con esas familia con esos poderosos.

Por otra parte, estas misma familias habían hecho creer a toda la gente que ellos eran el engranaje fundamental, ellos eran la pieza fundamental para la relación misma con Dios, porque ellos eran los que administraban todo el asunto del Templo, y para salvaguardar el orden en el Templo, tenían incluso un pequeño servicio de policía, para que hubiera orden en el Templo.

Entonces, toda esa posición que ellos habían conquistado viene a caer en tierra con la simplicidad de Cristo, pero sentían temor de Cristo, porque este Cristo tenía un tremendo arraigo popular, tenia un respaldo muy grande de las masas, y las autoridades no querían que se produjera un escándalo, las autoridades no querían que se produjera una revuelta.

Porque sabían que la respuesta de los romanos iba a ser inmediata y contundente, ellos sabían que los romanos entrarían con fuerza, entrarían con violencia, aplastarían la rebelión y de pronto acabarían con el Templo, acabarían con todo, porque esa era metodología de los romanos.

En realidad, no estaban demasiado equivocadas estas autoridades judías, Cristo murió hacia el año treinta y algo de nuestra era, y unos cuarenta años después, en el año 73 más o menos, entró Pompeyo a Jerusalén y devastó todo y no quedó piedra sobre piedra; es decir, los temores que ellos tenían sobre la intervención violenta, devastadora de los romanos, esos temores tenían fundamento.

Entonces, ellos sentían que si ellos apresaban a Jesús en medio de su predicación en el Templo, si lo apresaban a la luz pública, entonces el pueblo entero se iba a levantar, y entonces los romanos iban a acabar con todo; por eso necesitan agarrar a Cristo a escondidas.

Pero como no lo conocían mucho, porque Cristo no había estado mucho en Judea, sino sobre todo en Galilea, y como no había fotografías, ni había retratistas, ni había imprenta, ni cosa parecida en aquella época, pues era muy fácil confundirse; por todo eso lo que ellos necesitaban era un traidor.

Ellos necesitaban que alguien del grupo de los íntimos de Jesucristo les abriera la puerta, porque no era nada más buscar a Cristo de noche; ellos pensaban que Cristo era una especie de guerrillero, a la manera de los zelotas que había en esa época.

Entonces, ellos pensaban que si llegaban a buscar a Cristo de noche como preguntando "¿dónde está el Maestro?" Pues a la vista, con gente con espadas, así que ellos pensaban que los amigos de Cristo, los del bando de Cristo le van a dar la noticia y se nos va a escapar el hombre, y perdemos la oportunidad.

Ellos necesitaban dar un solo golpe, un golpe que fuera certero, que no debía fallar, y por eso el prendimiento sucede en las condiciones que nos cuentan los Evangelios, especialmente es notable el evangelio según San Juan. Ellos necesitaban que apareciera esa traición, que se diera esa traición de Judas para que sucediera lo que ahí se cuenta.

De noche, allá en el Jardín de Getsemaní, allí prenden a Cristo con una intención muy clara, que fue lo que finalmente consiguieron: juzgarlo también de noche, de manera que cuando ya apareciera Cristo al otro día delante de la gente, apareciera únicamente como un reo, apareciera como alguien culpable, como un blasfemo ante los judíos y como un revoltoso, como un subversivo ante los romanos.

Ellos necesitaban lograr todo eso en el curso de unas pocas horas, tenían que juzgarlo rápido, tenían que condenarlo rápido; y necesitaban que cuando llegara ese viernes, el que para nosotros es el Viernes Santo, ya Cristo apareciera culpable, apareciera como blasfemo y como traidor de la Ley ante los judíos; y que apareciera como un revoltoso y un subversivo ante los romanos.

De manera que puesta ya así la acusación, entonces se pudiera dirigir al pueblo, se pudiera alebrestar al pueblo, para que hiciera lo que efectivamente hizo, es decir, pedirle a Pilato que se crucificara al Señor.

Todo esto indica que el prendimiento de Cristo fuera una jugada matemáticamente calculada, fue una obra, fue la obra de gente con una gran inteligencia, con una tremenda astucia y con muy buenas conexiones; hubo un despliegue de astucia y de ardides en todo esto.

Uno se espanta al pensar que toda esta simplicidad, que toda esta inocencia maravillosa, bellísima del Hijo de Dios, tuvo que someterse, tuvo que pasar por ese trecho, por ese momento tan espantoso en el que aparece tanta inteligencia, únicamente para hacerle daño a Él.

Y por eso, lo que nos muestra San Juan en el momento del prendimiento, es que Cristo está consciente de la situación, Él se da cuenta de que por encima de todos esos planes, por encima de todas esas maquinaciones, lo que se está cumpliendo es la voluntad del Padre Celestial.

Porque precisamente ahí es donde aparece hasta dónde puede ser ruin el corazón humano, ahí también aparece hasta dónde Dios está dispuesto a perdonar.

Hermanos, ¡qué hermoso meditar en la Pasión de Neuestro Señor Jesucristo! ¡Qué hermoso reconocer este amor tan grande! Agradezcamos a Jesús por ese amor que nos ha tenido, y pidámosle que bendiga nuestros corazones y que nos haga fieles siervos suyos.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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